Uno de los nuevos retos que afrontamos en el actual mercado laboral, aún a caballo entre la industria tradicional y la ‘era de la Información’, es la venta de servicios intangibles (al menos en una primera fase), es decir, de ideas, planes, conocimiento, accesos premium a aplicaciones… Así ocurre en el caso del coaching y la consultoría, profesiones que encajan a la perfección en el nuevo modelo productivo, pero pocos le otorgan el valor que merecen por el hecho de no ofrecer resultados palpables de manera inmediata. A pesar de que para dar a conocer este tipo de servicios es posible aplicar el tradicional concepto de marketing, existen algunas evidentes dificultades a la hora de ofrecerlos. Una de las estrategias más utilizadas a la hora de promocionar intangibles, es disfrazarlos de productos, es decir, venderlos en forma de paquetes que se centran en prometer resultados, pero no tanto en detallar el proceso que llevará a conseguirlos.
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El inicio de un nuevo año suele obligar a la gran mayoría de la gente a reflexionar sobre el rumbo que sus vidas están tomando, y qué les gustaría que sucediera a lo largo de los próximos meses. Una buena costumbre que, por otra parte, sería mucho más efectiva si no se limitase a una simple lista de imprecisos deseos, y se convirtiera en un auténtico plan de desarrollo personal al que dar un seguimiento continuado. Uno de los propósitos de año nuevo más comunes es el de ponerse en forma, motivo por el cual la mayoría de gimnasios ven como sus salas se llenan durante el mes de enero, para ir perdiendo afluencia progresivamente con el paso de las posteriores semanas. |
Miguel Ángel Matilla Blanco: coach, consultor y escritor
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Octubre 2017
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